3.16.2007


Es así, cuando ya no se piensa en nada y caminas por el parque temprano en la mañana, hablando contigo misma porque sabes que a nadie le importas, que nadie te mira y te pones en la fila del punto de recarga: lo olvidas. Olvidas como te temblaba el estómago, como te reías sin razón, lo ingenuamente bien que te hacía. Pero vamos, después de tantos años tampoco ibas a esperar que te saludara afectuosamente, con suerte se acuerde de cómo te llamas. Da igual, piensas, y caminas hacia el paradero del bus. Ahí está otra vez, y antes de que pienses cualquier cosa el bus ya llegó para arreglarte toda esa situación tan incómoda. Camina hacia el fondo del bus, tu prefieres sentarte a la mitad. De pronto un brinco, no te explicas cómo, pero sabes que ya no está más en el bus, que se bajó. Y haces cómo que no te importa. te bajas en el paradero gigante del centro de la ciudad, y tienes miles de opciones para serguir tu recorrido; miles, y sólo eliges una. Subes, caminas mirando el piso porque no hay nada que ver en ese bus tan fortuito como tu mirada baja... y de pronto lo que nunca esperabas. Está ahí, saludándote amable y cercano, como si no hubieran sido años de años los que dejaste de verlo. Está igual, piensas y automaticamente sientes que ya no te salta el estómago como a los quince, a los doce, a los nueve. Hasta que lo saludas y sientes el mismo olor de siempre, ese que te hacía soñar de niña, llorar de adolescente, entristecer de adulta. Entristecer como ahora. Y el viaje que es tan corto, ya debes bajarte y no encuentras excusa para quedarte más. Te bajas, y la sonrisa se te escapa más allá de la cara, del alma ,de lo que sea que rellene tus costillas. Sabemos bien los dos que es improbable que volvamos a encontrarnos, o quizá sí. -Espero que no sea en tres años más- le dijiste al despedirte y él, él sonrió cómplice, casi como un niño. Tal vez sea pura impresión tuya. Pero recordaba todos los detalles de tu último encuentro, esos que ni tú recordabas. El olor se te queda en la nariz y es ahí que piensas, piensas como una adulta. Como en tu sueño, que te lo encontrabas unos años depués y ya estaba casado. Quién sabe si sea así, y lo vuelvas a encontrar en la calle otra vez, y el recuerde hasta el último detalle de su encuentro contigo en aquel bus fortuito, mientras tu apretas la mano de tu novio, porque haz sentido ese olor otra vez. El destino dirá lo que quiera, pero debes vover a encontrarlo, da lo mismo como sea, porque siempre fue así; a los quince, a los doce, a los nueve, y hoy ya no te importa más la forma, lo sabes. Sabes que aunque cuelgue de la mano de cualquiera, tu encuentro con él será tardío y perfecto: imperfectamente perfecto.

1 comment:

Anonymous said...

Al más viejo y clásico estilo Corin Tellado, me quedó filete. Debería haberle puesto pickle, en fin se me fue.